Cuando conectamos con lo que
sienten los niño/as les permite
“sentirse sentido/a”, la sensación de que está
siendo visto y comprendido y transforma
el caos en calma, el aislamiento en conexión. En los momentos en que están más
alterados es cuando los niños más nos necesitan.
Tomás tiene 8
años, cursa tercero básico. Una tarde, mientras realiza sus tareas escolares su mamá le recuerda que debe estudiar para la prueba de matemáticas, a medida que comienza
a realizar los ejercicios de la guía, tiene un súbito estallido de frustración
y grita que no estudiara más, que “esta chato” con el colegio y que prefiere ir
a jugar o ver tv. La madre al escucharlo se irrita, ya que está cansada de la actitud
de su hijo, de su poca persistencia en sus estudios, por lo que lo reprende con
dureza diciéndole que debe practicar los
ejercicios porque solo así podrá
comprender la materia. Si ve TV o juega estos son privilegios, por lo que si no cumple
con sus deberes del colegio y cambia su conducta no los tendrá por dos semanas. Tomas enojado,
le responde gritando que no le
importa y que no hará nada porque no
puede, y que es tonto y no le entra nada y para qué va estudiar si
igual le ira mal.Cuando los niños y niñas tienen de forma repetida comportamientos que consideramos inadecuados o “malas conductas”, muchas veces no entendemos que le está sucediendo y pensamos que esta “llamando la atención” cuando llora sin motivo aparente, o siempre está molestando o pegando a su hermano o compañeros, se frustrar con facilidad, o no quiere ir al colegio.
Asumiendo que tiene algún problema de personalidad, o porque es enojón, porfiado, flojo o muy regalón, y evitamos entrar en sus zapatos para ver qué es lo que hay detrás de esta necesidad de desatar su ira, de distraerse, de estar en su mundo o ser ansioso.
Para comprender lo que le sucede a los niño/a tenemos dos opciones, la primera y más habitual y que tendemos a utilizar es quedarnos en la superficie basándonos en nuestras visiones, es decir ver la conducta y actuar en la conducta, en este caso Tomás se niega a estudiar, y su madre considera que es una conducta inadecuada por lo que lo castiga y regaña.
Acá vemos que quizás logre frenar su conducta, pero solo de forma temporal, porque cuando Tomás vuelva a encontrarse en una situación similar que le despierte toda esa tormenta emocional que tiene guardada, volverá a lo mismo, esto sucede ya que nadie le ha ayudado a gestionar sus emociones, al retarlo o solo castigarlo no se le está enseñando a qué hacer en esos momentos para expresar y manejar sus emociones, sino solo frenar esa reacción.
Pero existe otra alternativa, y es ver más allá, que detrás de todo comportamiento siempre habrá una causa, y un niño que se comporta mal, que tiene conductas inadecuadas, que provoca daño a otros y así mismo, es un niño que por dentro se siente mal y está sintiendo emociones que no sabe gestionar y expresar de otro modo.
En mi experiencias con el acompañamiento a niños/as he podido entender que las llamadas “malas conducta” son como las punta de un Iceberg y bajo este existen múltiples emociones que lo conducen y activan, por lo que si queremos cambiar esta conducta de manera real tenemos primero que ver lo que no se ve para conectar y actuar.
En el caso de Tomás en la punta del Iceberg esta “no querer estudiar”, pero más abajo hay aprecia tristeza, rabia, desesperanza, rechazo, piensa “Soy tonto, un incapaz, no vale la pena que intente estudiar porque no haré nada bien”. Y lo que nos quiere decir (mensaje de fondo) de su conducta: “No te des por vencida conmigo mamá, muéstrame un pequeño paso que pueda dar”, “Anímame” “ayúdame a comprender lo que me cuesta”.
Pero ¿Qué se puede hacer?, ¿Cómo ayudar a un niño a no portarse mal? La respuesta es Conexión, imaginemos la misma situación pero ahora la mamá de Tomás lee su frustración como una clave emocional; observa su tono de voz, rostro, y actitud corporal y se pregunta cuáles son las razones para que Tomás este así, por lo que le pregunta de manera tranquila y contenedora, evitando juicio sobre él, si quiere explicarle por qué ha tomado esa decisión; conexión. En su voz y actitud no hay enojo, es decir la mamá se ocupa de la situación, y no se pre-ocupa por ella, buscando solo conectar con Tomás.
Cuando conectamos con lo que sienten los niño/as les permite “sentirse sentido”, la sensación de que está siendo visto y comprendido y transforma el caos en calma, el aislamiento en conexión. En los momentos en que están más alterados es cuando los niños más nos necesitan.
Pensémoslo: ellos no les gusta y no quieren sentirse frustrados, enfurecidos ni descontrolados, ya que es una experiencia desagradable y estresante para cualquier persona. Por lo general, el mal comportamiento se debe a que el niño lo ha pasado mal lidiando con lo que ocurre a su alrededor... y en su interior, por lo que debes comprender y aceptar que no te está tratando de probar o desafiando en esos momentos. Al contrario, siente todos estos sentimientos fuertes, y que aún no sabe cómo gestionar, por lo que la mala conducta se produce como simple consecuencia de ello. Sus acciones —sobre todo cuando ha perdido el control— son un mensaje de que requiere ayuda. Constituyen un intento de conseguir asistencia y conexión.
¿Cómo?
El secreto está en entrar en su mundo. Ir más allá de lo que ves, y expresarle que deseas escucharlo, que entiendes cómo se siente. Para ello te comparto estas 4 claves para conectar con tu hijo/a cuando está pasando por una “mala conducta”
1. Transmitirle consuelo: El modo más efectivo para consolar es por medio del contacto físico; si te permite acércate, si no ve de a poco tomando el contacto, baja tu tono de voz, habla con calma, atráelo suavemente hacia ti, masajea su espalda, toma su mano o un contacto cariñoso —sutil, como apretarle un poco la mano; o más efusivo, como un abrazo cálido—tiene la capacidad de desactivar una situación agitada.
2. Validar, validar, validar: Para estar sintonía con la experiencia de tu hijo/a en ese momento solo será posible centrando tu atención en cómo experimenta lo que siente desde su punto de vista, es decir identifica sus emociones y dilo “Esto te ha puesto muy triste, ¿verdad?”, o “Ya veo que te sientes frustrado con matemáticas”.
3. Menos hablar y más escuchar: Evita la tentación de discutir con tu hijo, de sermonearle, de defenderte o de decirle que deje de sentirse así. Es el momento de escuchar, así que siéntate con tu hijo y dale tiempo para expresarse
4. Refleja lo que oyes: Refleja lo que te ha dicho tu hijo/a, transmitiéndole que lo has oído y de este modo vea que lo comprendes en lo que siente, diciéndole por ejemplo: “Ya veo lo enfadado que estás y porque razón ya no deseas estudiar”, “Me doy cuenta que no te agrada las matemáticas, porque te cuesta entender los ejercicios, yo también me sentiría frustrada”.
Así actúa el ciclo de conexión permitiendo ver más allá de la “mala conducta” y conectar con el niño y niña transmitiendo que les quieres, que ves, que estas a su lado con independencia de su conducta. Cuando buscamos por qué de su conducta y pensamos en el cómo, somos capaces de transmitir consuelo, validar, escuchar y reflejar sentimientos, y así darle alternativas de expresión y manejos de sus emociones.
Si tienes alguna duda o comentario te invito a escribirme a dpardo.psicoeduca@gmail.com
Un abrazo
Daniela
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